Calle de San Gonzalo, Rio de Janeiro

Aprendí que en la vida, cuantas más cosas tienes, más esclavo eres.
Un día hice una maleta con lo esencial, me desprendí de muchas cosas que creía necesarias y temía perder, y me lancé al mundo. Desde entonces no he conocido mayor felicidad que la de reconocer que no sé tanto y aprender algo nuevo cada día.


Hoy he vuelto a lavar la ropa a mano, como lo hacía mi abuela en el pueblo, en el lavadero o en la pesquera. No hay lavadoras.


Cada día se llenan botellas de agua de un filtro, porque el agua del grifo no es potable. Como cuando iba a rellenar garrafas de agua a la fuente de la plaza del pueblo.


He visto como las mazorcas de maíz venían en su «envase original», de hoja verde.


Los bebés van en brazos de sus madres, padres y abuel@s. No hay carros con amortiguación suficiente para el asfalto de estas calles, ni espacio para pasar con uno de ellos.


Una mujer le daba el pecho a un niño mientras paseaba y nadie le miraba.
Hay gente que no duerme en camas mientras exista una hamaca.


El wifi apenas existe. La cobertura escasea. Y los teléfonos van con cable de cobre todavía.


Salir a la calle solo con lo puesto. Ni móvil, ni monedero, ni nada.

El circulo de confort no es el círculo en el que estás, es el círculo al que vas.
La simplicidad es la meta, aunque ahora lo llaman minimalismo…